El precio no es el problema (sos vos): La psicología del valor percibido

¿Por qué un mismo producto puede parecer caro o barato según cómo se lo cuente? Este artículo revela cómo el valor percibido se construye con emociones, experiencias y narrativa. No es el precio… sos vos.

TEMPORADA 1

Federico Villarruel

5/21/20256 min read

Fedini. Psicologia del valor percibido. Marketing de precios
Fedini. Psicologia del valor percibido. Marketing de precios

¿Por qué estamos dispuestos a pagar más por menos… si se cuenta bien la historia?

Hace unas semanas, un video se volvió viral en redes tras un anuncio de aumento de aranceles por parte de Trump hacia productos chinos. ¿El motivo? Varias marcas asiáticas revelaron que muchos productos de lujo que compramos en Occidente a precios exorbitantes, se fabrican en las mismas líneas de producción que otros productos mucho más económicos. El mismo bolso. La misma fábrica. Precios… abismalmente distintos. ¿El diferencial? No era la calidad. Era la historia.

¿Alguna vez te pasó de ver dos productos idénticos y elegir el más caro solo porque "te gustó más"? Spoiler: no fue el producto, fuiste vos. O mejor dicho, tu percepción. Porque cuando hablamos de precio, no hablamos solo de números: hablamos de historias, emociones, promesas y marcos mentales.

En este artículo vamos a desarmar esa bomba emocional llamada valor percibido y entender por qué muchas veces el precio no es el problema real. Vas a descubrir cómo influyen el storytelling, la presentación, el contexto y hasta cómo te tratan cuando comprás. Y como buen ilusionista, te prometo que este artículo va a revelarte el truco... sin arruinar la magia.

¿Por qué seguimos cayendo en esta trampa?

Mucha gente cree que el precio lo define todo. Pero, como explican Antonio Damasio, Dan Ariely y Sutil Martín y otros varios autores, nuestras decisiones de compra están profundamente moldeadas por factores emocionales, sociales y perceptuales. Damasio explicó que el cuerpo —a través de las emociones— actúa como brújula en nuestras decisiones. Ariely demostró que nuestra irracionalidad no es una excepción, sino una constante. Y Sutil Martín lo resume en una frase que es casi un conjuro de neuromarketing: “compramos con el corazón, justificamos con la cabeza”.

¿Y qué significa esto en el día a día? Que no elegimos lo más barato. Elegimos lo que nos hace sentido. Lo que nos enamora. Lo que nos promete pertenecer, diferenciarnos o simplemente sentirnos bien por un rato. El problema es que muchas marcas no entienden esto, y caen en la trampa más común: competir por precio.

¡Grave error! Porque cuando entrás en la guerra de precios, siempre hay alguien que va a estar dispuesto a cobrar menos y hundir una nave de su flota en post de ganar la batalla. Y ahí no hay magia posible. Tu diferencial desaparece. Tu historia se borra. El precio es solo un número, pero el valor... es una historia que el cliente se cuenta para convencerse de que vale la pena elegirte a vos.

La verdad detrás del truco: cómo funciona el cerebro en este juego

Fedini lo explicaría así: “No pagamos por el producto. Pagamos por lo que ese producto nos hace sentir, recordar o soñar”. No se trata solo de un deseo superficial, sino de un mecanismo profundo que activa el sistema límbico, ese viejo mago cerebral que se emociona antes de razonar. Y para activar esa magia, hay que pulsar cuatro resortes mentales. Te presento el modelo V.I.S.E. de percepción de valor:

  • V de Valor simbólico: ¿Qué representa esto para mí? Acá hablamos de significado. No es solo una remera, es una causa. No es solo una bicicleta, es una declaración de estilo de vida. Lo simbólico transforma objetos en señales.

  • I de Identidad: ¿Quién soy cuando lo uso? El consumidor no compra productos, compra versiones mejoradas de sí mismo. El valor se dispara cuando el producto se vuelve una extensión del yo: lo que uso habla de mí.

  • S de Storytelling: ¿Cuál es la historia que lo envuelve? La narrativa contextualiza el producto, le da alma. Sin historia, cualquier vino es solo uva fermentada. Con historia, es el legado de una bodega familiar en Mendoza.

  • E de Experiencia: ¿Cómo me hizo sentir el proceso de compra? Desde el primer vistazo hasta el servicio postventa, cada punto de contacto suma (o resta). Cuando la experiencia es coherente y placentera, el precio se justifica solo.

Un ejemplo clásico: el café. El mismo café puede costar $300 en una cafetería de paso, o $950 en una cafetería boutique con vajilla artesanal, playlist de jazz suave y nombre en la taza. ¿Qué cambia? Todo lo que lo rodea. Ahí no estás pagando café. Estás pagando sentirte especial por un rato. Estás pagando ambiente, identidad, validación social. Estás pagando un momento que podés subir a Instagram con orgullo.

Lo mismo pasa con marcas como Glossier, Patagonia o Bang & Olufsen. Glossier no vende cosméticos: vende minimalismo aspiracional en envases fotogénicos. Patagonia no solo vende ropa de montaña: vende compromiso ambiental y pertenencia a una comunidad consciente. Y Bang & Olufsen transforma parlantes en objetos de arte: diseño danés, sonido premium y un relato de sofisticación. Estas marcas entienden que el verdadero diferencial no está en lo que hacen, sino en cómo lo comunican. Venden una narrativa aspiracional. Venden la idea de que, al consumirlos, formás parte de una élite cultural o de un movimiento con propósito. Y eso, amigo lector, es lo que infla el valor percibido más que cualquier planilla de costos. Y eso, amigo lector, es lo que infla el valor percibido más que cualquier planilla de costos.

Checklist mágica: cómo aplicar esto desde hoy mismo

En vez de darte la típica lista de mandamientos marketineros, te propongo un enfoque más lúdico y teatral: pensá en tu marca como si fuera un espectáculo. ¿Qué papel juega cada elemento? ¿Cómo transformás una transacción en una ovación de pie? Acá va el guión:

  1. Acto 1: La Intriga (Primer contacto)

    • ¿Tu producto despierta curiosidad a primera vista? Un buen teaser vale más que mil especificaciones técnicas.

    • El diseño visual debe ser una promesa de experiencia, no solo un contenedor.

    Acto 2: La Ilusión (Storytelling emocional)

    • Contá una historia en la que tu cliente pueda verse reflejado.

    • Convertí tu producto en un símbolo dentro de esa historia. Que represente algo más grande.

    Acto 3: La Sinfonía (La experiencia sensorial)

    • ¿Qué suena, huele o se siente cuando el cliente interactúa con tu marca?

    • ¿Cómo se vive el proceso de compra: intuitivo, cuidado, memorable?

    Acto 4: El Clímax (Entrega del producto)

    • La entrega también es parte del espectáculo. ¿Sorprende? ¿Deja huella?

    • Un detalle inesperado puede volverse inolvidable.

    Acto 5: El Aplauso Final (Postventa y recuerdo)

    • ¿Cómo hacés sentir al cliente después de comprar?

    • ¿Hay seguimiento, gratitud, continuidad?

    Errores comunes:

    • Creer que un descuento reemplaza una emoción.

    • Usar storytelling como maquillaje y no como esencia.

    • Pensar que la experiencia termina con la compra.

    • Creer que un descuento reemplaza una emoción.

    • Usar storytelling como maquillaje y no como esencia.

    • Pensar que la experiencia termina con la compra.

Reflexión final

Decir que el precio es el problema es como culpar al termómetro por la fiebre. El precio no es más que un síntoma visible de una percepción invisible: la del valor. Y ese valor, más que una cifra, es una construcción emocional, social y simbólica. Si un producto barato nos parece caro, el problema no es el precio, es la desconexión con la historia. Si un producto carísimo se vende sin objeciones, es porque alguien supo contar un cuento que queremos creer.

Quizás lo más incómodo —y acá va lo polémico— es que como consumidores también jugamos el juego. No buscamos lo justo, buscamos lo que nos justifica. No queremos pagar menos, queremos pagar por algo que nos haga sentir más. Y si el marketing emocional hace bien su trabajo, muchas veces el precio es el detalle menos relevante de toda la experiencia.

Entonces no, el precio no es el problema. Sos vos. O mejor dicho: es tu capacidad de conectar, de emocionar, de encantar. Porque si tu producto no vale más, no es porque esté mal diseñado. Es porque todavía no lograste que valga la historia que lo envuelve.

¿Cuál fue ese producto que pagaste feliz, aunque era más caro? ¿Qué historia te contaron?

Si este artículo te hizo ver los precios de otra manera, suscribite al podcast Las Notas de Fedini, donde cada semana desenmascaramos otro truco del consumo con humor, ciencia y un toque de magia. También podés seguir leyendo en esta misma web.